Cipriano Camacho Bakale
La canción en lengua
fang de la artista Elenita, incluida en su álbum 2008/2009, fue para mí durante
años una simple pieza bailable. Cuando era un chaval, no entendía el mensaje.
Solo disfrutaba el ritmo. En casa, era el mejor bailándola. La frase “muchos mueren
como la gallina” me parecía parte del folclore, algo repetitivo y pegadizo.
Hoy la escucho con
otros oídos. Y como muchos saben, no suelo analizar las cosas a medias. Soy
extremadamente crítico y me gusta la coherencia. Por eso afirmo con claridad:
esta es una crítica social necesaria.
En determinadas
prácticas tradicionales, cuando se acusa a alguien de estar embrujado, se exige
el sacrificio de una gallina como parte del ritual. El animal es inmovilizado y
sacrificado sin defensa. Su muerte está decidida de antemano. No tiene voz ni
opción. ¿No es precisamente esa indefensión lo que convierte a la gallina en
una metáfora poderosa?
Cuando la canción
afirma que “muchos mueren como la gallina”, la metáfora es demoledora. Habla de
muertes indefensas. De destinos sellados por decisiones ajenas. Y en nuestra
realidad social, esa frase no puede analizarse de manera inocente. ¿Cuántas
veces hemos escuchado historias de muertes inexplicables que terminan
enterradas en el silencio colectivo?
En este sentido, en
una de sus líricas la artista invoca a Dios diciendo: “¡Oh Dios mío, ven a
arreglar el mundo; el nuestro está muy destruido, ¡todos ya son asesinos y
todos ya son abogados!”. ¿No es esta una acusación directa contra una sociedad
que parece haber perdido su brújula moral?
Vivimos en una
sociedad donde circulan narrativas persistentes sobre sacrificios realizados
para obtener dinero, bienes y poder. La obsesión por la riqueza rápida ha
generado sospechas, miedos y silencios colectivos, donde jóvenes venden a otros
jóvenes o amigos pensando que de esa manera cambiarán su vida. ¿De verdad
podemos fingir que no escuchamos estas conversaciones en barrios, mercados y
calles? ¿Podemos actuar como si nada pasara?
Cuando el dinero se
convierte en valor supremo, la vida humana corre el riesgo de perder su peso
moral. Algunos ya han anulado su humanidad. Aquí está el punto crítico: si una
sociedad normaliza la idea de que el éxito puede alcanzarse a cualquier precio,
sin importar el cómo, termina aceptando que algunos “mueran como la gallina”.
Indefensos. Callados. Justificados por creencias o ambiciones. ¿Qué tipo de
sociedad construimos cuando el éxito pesa más que la vida?
En muchas ocasiones,
se han encontrado objetos y animales embrujados en oficinas de la administración
pública, así como el hallazgo de cadáveres de jóvenes sin algunos órganos
corporales; como las orejas, la lengua o los dedos. ¿Son simples coincidencias?
¿O señales de un problema que preferimos no mirar de frente?
Lo que antes bailaba sin pensar, hoy lo analizo con responsabilidad. La canción de Elenita no es solo tradición; es advertencia. Y si queremos coherencia, se deben seguir las pistas de los hechos y castigar con toda justicia a las mentes que permiten que esa metáfora siga teniendo sentido en la realidad social de Guinea Ecuatorial.
Porque mientras el dinero valga más que la vida, la frase seguirá vigente.