Durante más de cuatro décadas, su nombre fue sinónimo de tensión política. 'Assata Shakur', la mujer condenada en Estados Unidos por el asesinato de un policía y que escapó de prisión para refugiarse en Cuba, ha fallecido en La Habana.
Shakur cuyo verdadero nombre era Joanne Deborah Byron irrumpió en la escena pública como miembro de las “Panteras Negras” y del “Ejército de Liberación Negra”, movimientos radicales afroamericanos de los años sesenta y setenta; fue el 2 de mayo de 1973 cuando su vida quedó marcada en la historia: un tiroteo en una carretera de Nueva Jersey terminó con la muerte de un policía estatal, hecho por el cual fue condenada a cadena perpetua en 1977.
Según los datos históricos, en 1979, Shakur logró escapar de la prisión y, tras una huida clandestina, apareció en Cuba, donde Fidel Castro le concedió asilo político. Desde entonces, se convirtió en un elemento de fricción permanente entre los dos países. Mientras Estados Unidos la calificaba como “terrorista doméstica” y el FBI ofrecía hasta dos millones de dólares por su captura, La Habana se negaba de manera sistemática para entregarla.
Cuba mantuvo la línea firme de protegerla, reafirmando así su decisión de no ceder ante la presión estadounidense. Así, la vida de Shakur en la isla fue todo lo contrario a lo que dictaba su fama internacional. Desde 1984, cuando se confirmó oficialmente su paradero en La Habana, se mantuvo alejada del foco público, sin conceder entrevistas ni participar en actos políticos. Únicamente rompió su silencio en 1988, al publicar Assata: una autobiografía, obra que se convirtió en referencia para los movimientos afroamericanos y antirracistas.
Con su reciente muerte, no solo marca el fin de la vida de una fugitiva célebre, sino también el cierre de un expediente diplomático que evidenció la profundidad de las diferencias entre Cuba y Estados Unidos. Para unos, Shakur fue una heroína de resistencia; para otros, una criminal que logró eludir la justicia.
Joanne Deborah Byron ha muerto con la misma dualidad con la que vivió: entre la persecución y la protección, entre la etiqueta de terrorista y la imagen de símbolo político, entre el rechazo de Washington y la defensa de La Habana.
Cipriano Camacho Bakale ASUMU