Con la llegada del verano, el Parque municipal de
Micuamiseng, “Rosina Mangue”, se convierte en un punto de encuentro y alegría
de los jóvenes, niños y adultos para recrear.
El parque no es solo un espacio verde. Es un homenaje
a Rosina Mangue, mujer recordada por su generosidad, su liderazgo y su
incansable labor social. En vida, Rosina impulsó proyectos de alfabetización,
apoyó a mujeres emprendedoras y defendió la educación de los más pequeños. Su
ejemplo dejó una huella profunda en la memoria local de Micuamiseng.
En el corazón del parque, una escultura suya observa
el ir y venir de los visitantes, es un retrato en bronce, sereno y firme, que
inspira respeto. A su lado, un reloj de piedra marca el paso del tiempo,
recordando que la vida es breve y que cada instante compartido tiene valor.
Desde el inicio del presente verano, el parque ha acogido a varios niños con sus diversas actividades, deportivos, lúdicas y culturales; este espacio se ha convertido en un lugar de recreo para los niños de distintas, demostrando que la convivencia es un legado vivo de Rosina.
El clima veraniego —cielos despejados y brisa suave— “anima
a más familias a acudir al parque en las horas tardes; algunos que otros
improvisan celebraciones improvisadas por el acogimiento del amplio espacio del
parque”, un joven de la localidad ha relatado a este periódico.
La temporada apenas comienza. Con ella, llegarán más actividades culturales y recreativas. Y, “en cada encuentro, en cada risa, en cada aplauso, el espíritu de Rosina Mangue seguirá presente, como símbolo de unidad y esperanza para la comunidad”, reconoce un familiar de Rosina.
Por otra parte, unos de los responsables del
mantenimiento del parque han revelado que, en algunas tardes, los ancianos
cuentan historias a los jóvenes, la Micomeseng, su creación, su peripecia, y el
aporte de los naturales del distrito para el desarrollo del país; entre ellos, la
vida de Rosina Mangue.
Silvia Teresa