En un país donde el petróleo ha sido históricamente
el motor económico, pensar en el campo como el eje de desarrollo futuro puede
parecer contraintuitivo. Pero no lo es. Esa fue la tesis central que se
consolidó durante la primera edición de las Jornadas de Reflexión sobre la Diversificación Económica e Inclusión
Social.
Durante tres días,
expertos nacionales e internacionales, autoridades y representantes de
organizaciones multilaterales debatieron cómo reorientar el crecimiento
económico hacia sectores sostenibles y generadores de empleo. En el centro del
debate: la agricultura. Lejos de ser vista como una actividad marginal, se
posicionó como un sector estratégico para combatir la pobreza, frenar la
dependencia de las importaciones alimentarias y crear nuevas oportunidades para
jóvenes y mujeres rurales.
Uno de los mensajes más
contundentes llegó durante la clausura del evento, de la mano de Marcelino Owon
Edu, presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social quien, en
su intervención, no solo agradeció la calidad técnica de los debates, sino que
lanzó un llamado claro y urgente a pasar de las palabras a los hechos, “todos
nuestros esfuerzos deben orientarse hacia la solución real de las problemáticas
del sector agropecuario”, afirmó.
Más que una conclusión, su
declaración ha sido una verdadera declaración de una hoja de ruta; porque, para
Owono Edu, el diagnóstico está hecho, pero el gran reto está en la
implementación. Las ideas están sobre la mesa, la innovación tecnológica en
cultivos, acceso a los créditos para pequeños productores, la formación
técnica, la infraestructura rural, y la adaptación al cambio climático. “El
desafío ahora es convertir esas ideas en proyectos concretos y medibles”,
matizó Owon Edu.
Los participantes no evitaron hablar de los obstáculos, como la falta de inversión pública, la escasa cooperación interministerial, las trabas administrativas y la casi nula financiación. En ese sentido, se recordó el compromiso de destinar al menos el 10% del PIB a la agricultura, una meta regional que, de cumplirse, podría generar un efecto multiplicador en el desarrollo económico local.
Pero más allá del dinero,
se habló también de la cooperación y voluntad política. Según Owon Edu, ningún
país puede diversificar su economía sin una visión clara y sin una coordinación
entre los actores públicos, privados y comunitarios. Para él, la agricultura no
debe entenderse como una actividad aislada, sino como parte de un sistema
integral que conecta educación, salud, infraestructura y medio ambiente. Ni de
un padrón que pretenda monopolizar los proyectos del Gobierno.
Uno de los puntos fuertes
del evento ha sido el enfoque inclusivo; se insistió en que la diversificación
no puede ser elitista ni centralizada. Debe incluir a las mujeres rurales, a
los jóvenes desempleados, y a las comunidades olvidadas que “hoy sobreviven con
pocos recursos y escasa asistencia técnica”.
Modernizar la agricultura
no es simplemente introducir tractores o drones, consiste también en democratizar
el conocimiento, acercar la investigación a los agricultores, y diseñar
políticas públicas que respondan a las realidades locales. En palabras de Owono
Edu, el objetivo final debe ser que el sector agropecuario no solo alimente,
sino que también enriquezca.
Cipriano Camacho Bekale