El escritor Juan Carlos Cervera debuta en el mundo de la narrativa con una novela-investigación que explora la leyenda de un espíritu que, desde los años 80, causó inquietud en varios centros educativos de Guinea Ecuatorial. A través de entrevistas y relatos, el autor se sumerge en la línea difusa entre lo real y lo imaginado, en busca de respuestas sobre un fenómeno que ha marcado a generaciones.
Con ocasión al Dia
del Libro, Cervera no se define con facilidad como escritor. “Muy pocas veces
he sabido decir quién soy”, afirma. Sin embargo, con esta obra, da un paso
firme en el mundo literario, combinando la narrativa con el rigor de la
investigación.
Según ha narrado a
este periódico, el autor afirma que la historia del contenido de la novela surge
de una leyenda urbana muy conocida entre los escolares, principalmente en la
ciudad de Malabo, cuando en centros educativos como Héroe Luba, Acacio Mañé o
Claret, se decía que una figura fantasmal femenina llamada María Ada rondaba en
los pasillos y aulas de clases. “Fuimos algunos de esos niños”, recuerda el
autor, quien junto a otros adultos decidió investigar si aquello fue
imaginación infantil o algo más profundo.
El relato parte de una hipótesis clara: si hay un fantasma, debe haber existido una persona. “El fantasma no puede ser sin más; por definición, es alguien que ha muerto y aparece entre nosotros”, explica. Su investigación incluye entrevistas a maestras, figuras reconocidas como Trinidad Morgades e incluso testimonios que apuntan a que la figura espectral pudo haber sido una docente fallecida, cuyo espíritu seguía presente entre los centros escolares, por no haber recibido los rituales fúnebres tradicionales. Este punto toca de lleno las creencias culturales sobre el tránsito espiritual en Guinea Ecuatorial.
Cervera también
reflexiona sobre los desafíos que enfrentan los escritores del país. La baja
costumbre de lectura, el poco consumo del producto nacional y la dificultad
para distribuir libros. “Tengo que comprar mis propios ejemplares para traerlos
aquí. Y, aun así, cuando los regalo, muchos ni los leen”, lamenta. Actualmente,
según el autor se puede encontrar algunas ediciones de venta en el Gran Hotel
Djibloho, aunque los ejemplares se agotan rápidamente. Y sobre las opiniones de
los lectores, reconoce que algunos le han revelado que la obra tiene “intriga”.
A pesar de las
limitaciones, el autor ya trabaja en un nuevo proyecto inspirado en temas
sociales, y se muestra optimista: “Siempre me inspiran los temas que conectan
con la gente”.
El mensaje final es claro: “Todos tenemos un fantasma, y deberíamos descubrir quién es nuestro fantasma real. Porque a veces están ahí, pero otras veces los hemos creado nosotros mismos”. Con su primera novela, Cervera no solo abre una ventana a un mito colectivo, sino que invita a cada lector a mirar dentro de sí mismo.
Silvia Teresa